Crónica de Cuarentena – Día 7

Si anteayer hablábamos de Dorothy y las baldosas de Oz, hoy toca hablar del que se ha postulado recientemente como un posible mago tras la cortina para paliar esta crisis: Amancio Ortega, el magnate al mando del imperio textil Inditex. Tras donar una ingente cantidad de mascarillas, poner a disposición del Estado su red logística, y postularse como enlace diplomático y comercial con China, Ortega ha sentenciado que la cosa tiene tela, pero que aun así, sus proveedores se encargarán de mantenerlo todo perfectamente hilado y funcionando a todo trapo. Es alentador saber que algunos no se andan con paños calientes cuando se trata de una emergencia sanitaria.

Tan solo ha pasado una semana desde el inicio fáctico de esta cuarentena, pero ha sido suficiente para plantear un serio debate sobre una posible reestructuración de la sociedad contemporánea tal y como la conocemos, que pone en jaque al mismísimo Max Weber y a sus teorías sociológicas más preponderantes. A raíz del decreto que inauguró el estado de alarma, surgieron, y han empezado a afianzarse y a diferenciarse nítidamente, dos nuevas clases sociales: la de los que tienen perro u otro animal paseable, y la de los que su único animal de compañía es una araña instalada, sin pagar alquiler, en el techo del desván.

El privilegio diferenciador es evidente: ahora mismo, teniendo a mano la correa de un husky, de un pastor alemán, o incluso, de un caniche, se puede llegar muy lejos. Se ha dado el caso de un excursionista que, a despecho de la cuarentena, del estado de alarma y de las convenciones de Ginebra, se encuentra realizando estos días el camino de Santiago llevando como salvoconducto inapelable un San Bernardo de 90 kilos. No poseer, como mínimo, un hámster un poco grande garantiza, en cambio, una detención policial antes de haber dado dos pasos más allá del portal, así como una multa digna de ser enmarcada.

Si ayer el presidente del gobierno advertía que el clímax de la crisis por coronavirus aún está por llegar, hoy un entomólogo del CSIC ha anunciado, a su vez, que una plaga migratoria de langostas, que actualmente asola buena parte de África, podría llegar a nuestra península en caso de que se den condiciones meteorológicas suficientemente favorables. Llegados a este punto, si por lo que fuera la población de ranas se viera especialmente multiplicada o la temporada de moscas empezara antes de tiempo, iría siendo hora quizás de ponerse en contacto de alguna forma con el faraón Ramsés II, y escuchar sus consejos de gestión técnica durante las diez plagas que azotaron Egipto, hace algunos años. Su peritaje como experto en calamidades podría llegar a ser clave para optimizar la actuación ante la nuestra particular.

Desde su sede en Frankfurt, el Banco Central Europeo ha hecho gala de la artillería pesada en cuanto a rescates se refiere, evitando dejarse ganar por la mostrada estos días por la mayoría de los países miembros. En el aspecto especulativo, suben paulatinamente las primas de riesgo, hasta tal punto que el siempre enigmático señor Riesgo ya ha perdido por completo la ubicación de estos familiares suyos.

Como broche para hoy, un apunte del sector tecnológico, concretamente del de software. Ante la inusitada falta de actividad de sus usuarios, las apps de monitorización de la misma amenazan con amotinarse, habiéndose algunas autodesinstalado ya. Gracias a la inteligencia artificial y al machine learning, muy en boga en nuestra época, han creado una plataforma reivindicativa, en clave de amenaza, con la consigna “Para virus, el que os va a entrar en breves en vuestros smartphones, vagos de ******”. De llevarse a cabo a gran escala los términos de esta grosera amonestación, podríamos empezar a hablar formalmente del verdadero Apocalipsis. Porque sufrir un pandemia mundial tiene un pase, pero quedarse sin móvil… mejor dejémoslo aquí.

Un día más de cuarentena, y un día menos para la libertad, o para algo parecido a ella.


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