Crónica de Cuarentena – Día 5

«Cierra los ojos. Junta los chapines uno contra otro tres veces, y repite para ti: se está mejor en casa que en ningún sitio, se está mejor en casa que en ningún sitio, se está mejor en casa que en ningún sitio,…». Así hechizaba la bruja buena del Norte a Dorothy para que se teletransportara de nuevo a su hogar en Kansas, en el clásico musical de “El Mago de Oz”. Ojalá funcionara esta elemental fórmula de sugestión para estos días de generalizada y obligada clausura.

Siguiendo el camino de baldosas amarillas de esta halagüeña cuarentena, para paliar en lo posible el impacto económico in crescendo de la actual crisis sanitaria hoy el gobierno ha previsto destinar una fracción del PIB para cuya descripción los calificativos de colosal, estratosférica, formidable, pantagruélica, gargantuana y un largo etc (escribir tanto cansa) de sinónimos, se quedan, a todas luces, cortos.

Veremos si esta jugada económica, ahora más sensacional y mediática que cabal, es debidamente ajustada y no se transforma en un nuevo cúmulo de despropósitos al finalizar el año. Porque como en algún momento dijo Matthew McConaughey, gran actor, y mejor contraseña: “Nadie tiene ni idea de si la bolsa va a subir, va a bajar, va a ir de lado, o en círculos”, del todo aplicable actualmente en referencia al mercado de valores nacional y europeo a medio y largo plazo.

Si a día de hoy España tiene el liderazgo en algo es en la pendiente de la curva del coronavirus, desde hace ya unos días, habiendo adelantado en este parámetro de la inexorablemente creciente exponencial a Corea del Sur y a Italia. Esperemos conseguir suavizar la evolución del virus antes de terminar la semana, o aquel terminará definitivamente con todos nosotros.

En respuesta a las consultas recibidas al respecto, decir que por ahora no se han recibido noticias de los expedicionarios que se hicieron a la mar rumbo al Pacífico, con motivo, recordemos, de seguir guardando la distancia de seguridad con el resto de sus semejantes. Pero como dirían Hernández y Fernández, los detectives gemelos de Tintín, si no hay noticias, es que son buenas noticias.

Únicamente se ha recibido un mensaje, enrollado en el interior de una botella de cristal color verde botella (como todos los mensajes que llegan por vía marítima) de un expedicionario alicantino que ahora se ve obligado a aguardar indefinidamente en alta mar debido al cierre de playas, medida hoy ya también vigente en nuestro país. Intentará pernoctar cada noche (o cada día, según la zona horaria que tomemos de referencia) en alguna de las islas Sandwich, en el Atlántico Sur, preferiblemente en la de tortilla de patatas, por haberse establecido allí una colonia hispana en el pasado. No descarta, sin embargo, tener que conformarse con atracar en la estadounidense de jamón y queso, o en el peor de los casos, en la de espinacas, que es del todo inhóspita.

Terminaremos con una merecida reseña a la solidaridad española. Se ha convertido ya en convenida costumbre ciudadana salir durante el conticinio al balcón y aplaudir calurosamente a sanitarios y trabajadores hospitalarios, siempre héroes y adalides de toda sociedad que se precie, aunque especialmente reconocidos en estos infaustos días.

Para calibrar aproximadamente la magnitud del diario aplauso, decir que, si el coronavirus fuera una especie de dípteros, moscas o mosquitos, habríamos terminado ya con él el segundo día de ovacionar a los que, a buen seguro, serán los artífices de su derrota.

Esto es todo por hoy. Bona nit i bona hora, i fins demà si Déu vol.


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