Crónica de Cuarentena – Día 3

El estado de alarma ha llegado a tal volumen entre la tarde de ayer y la mañana de hoy, que creo que no sería desacertado que Securitas Direct asumiera el patrocinio simbólico de nuestro país ipso facto.

Los motivos por los cuales puede pisarse la vía pública han sido notablemente restringidos, las Fuerzas Armadas cobran más fuerza que nunca, y se podrán requisar todo tipo de bienes por el interés común. Al son de dichas alarmantes disposiciones, y por analogías históricas con la geopolítica de hace medio siglo, propongo rebautizar a la situación actual como la Epidemia Fría.

Por otro lado, según el Real Decreto los cuatro jinetes del Coronavirus serán los ministros de Interior, Defensa, Sanidad y Transportes. Referencia mnemotécnica para recordar tan substancial dato: cabina de una ambulancia militar. Todas las medidas decretadas se mantendrán en pie (las medidas, como cualquier reglamento, son inmunes al virus y a otras dolencias, por tanto es justo decir que no caerán y se mantendrán en pie, pase lo que pase), como mínimo, durante los próximos quince días naturales. Para conocer las normas a aplicar durante los días artificiales propondría consultar a otro Pedro, Peter Pevensie, sumo monarca de Narnia (recordemos que la línea temporal en las mitológicas tierras circundantes a Cair Paravel es distinta a la del mundo real, ergo, es artificial).

Si la nueva ordenanza, hoy estrenada, se cumplirá, habrá de dar cuenta de ello el tiempo. Por ahora, podemos decir que durante la presente jornada la ley más respetada ha seguido siendo la tercera de Newton, la de acción-reacción, en referencia al decreto publicado en el BOE: Creo que nunca se había visto a tanta gente paseando al perro a la vez. Tomando un instante aleatorio del día, si uniéramos el número de canes deambulando simultáneamente por la avenida principal del pueblo podríamos constituir una jauría tal, que a buen seguro hubiera sido capaz de tirar holgadamente del trineo más pesado del egregio Roald Amundsen en su expedición al Polo Sur.

Una de dos: o ha habido un súbito e inexplicable éxodo de la raza canina a nuestro distinguido municipio, o bien, y más probablemente, se están turnando los mismos perros entre los vecinos, cosa que necesariamente implica que dichos cuadrúpedos están paseando por encima de sus posibilidades, lo cual conducirá a una inevitable saturación del sistema veterinario nacional, que se sumará a la ya lamentablemente existente en el homólogo sanitario.

Este tipo de vacíos legales, aunque desaconsejados por supuesto, son considerablemente ampliables a expensas de lo promulgado: Entre sacar al perro, llevar el traje a la tintorería, echar gasolina (al coche), ir a la farmacia, hacerse la permanente en la peluquería, y pasar por el Mercadona para adquirir el quintal diario de papel higiénico y jamón dulce, la verdad, queda un día la mar de completo y sin incumplir la ley, durante el cual la única alarma habrá sido la del despertador instándonos a aprovechar sus horas a pie de calle.

Cambiando de tercio, reseñar el hecho de que el gobierno, al igual que algún que otro sector de la oposición (en una situación como la actual es entre condescendiente y pueril, además de contraproducente, entrar a dirimir sobre colores políticos), cierre filas para decir que hace una semana no había indicios para prohibir manifestaciones y actos previsiblemente masivos, es casi como decir que en un día cualquiera no va a ser necesario iluminar las calles a partir de cierta hora porque no hay indicios de que vaya a ponerse el sol.

En el ámbito internacional, contra viento y marea, Francia celebra hoy comicios municipales, tras desaconsejar el uso de antiinflamatorios no esteroideos y proponer como substitutos todos aquellos productos derivados del aloe vera, el jengibre y el tomillo, a los que tan juicioso y eficiente uso dieron nuestros antepasados. “Tan bueno no será el ibuprofeno cuando no puede curar una simple gripe como el coronavirus”, ha sido la reflexión tácita que ha trascendido desde las altas esferas del Elíseo. Además, y por si fuera poco, han propuesto cambiar el nombre del medicamento a ibuplacebo.

Y el mejor vino, se sirve al final. Las naciones de todo el mundo recomiendan, desde hace días, evitar a toda costa el Viejo continente. Pues el autodenominado Estado Islámico no ha querido ser menos y ha exhortado a sus terroristas a abandonar la zona cero de la epidemia, y consecuentemente, a no realizar atentados en Europa hasta que esté controlado el virus. Añadir cualquier clase de comentario sería sumamente pretencioso; la singular noticia es la bomba por sí sola.

Se avecina tormenta.


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