Crónica de Cuarentena – Día 2

Ya no queda alcohol. Ni hay fútbol. Es evidente e inexorable que el coronavirus pasará en breves a jugar un papel menor en los presentes días de infortunio y desventura.

Empecemos hoy por las nuevas en nuestro bienamado país. En un nuevo alarde de genialidad conjunta, algunos de nuestros compatriotas han aprovechado el inicio de sus inesperadas vacaciones para ir a preveranear a las playas del litoral (las playas del interior, llamadas también desiertos, siguen vacías). Es tentador invitar encarecidamente a estas eminencias en epidemiología a que naden hasta perder la costa de vista.

Por otra parte, y por dar un dato positivo entre la actual vorágine de negativos, es reseñable el hecho de que mucha gente ha pasado de no saludarse por la calle a disculparse recíprocamente por estornudar.

Hoy destaca el posicionamiento que ha tomado el Reino Unido para hacer frente a la crisis: claudicar y resignarse frente a la epidemia, no tomando todas las medidas drásticas que toma el resto de Europa, y centrarse en optimizar la economía para los supervivientes. Esta postura se encuentra perfectamente representada en aquella escena de Mary Poppins (la de los 60) en la que el veterano director del banco de Londres se posiciona de la misma forma que hoy lo hace Boris Johnson, tras coaccionar al joven Michael Banks para que ingrese sus dos peniques en el banco. Tambaleante, aunque impertérrito, declara: «Mientras resista la banca inglesa, Inglaterra resistirá. Pero cuando caiga la banca inglesa, Inglaterra caerá».

Esta insólita actitud, característica del gentleman inglés más arquetípico, victoriano y desentendidamente flemático, ha recibido duras y justificadas críticas internacionales. Ya podría granizar azufre, que el té a las five o’clock hojeando el Times y siguiendo con exclusivo interés las fluctuaciones bursátiles, seguiría siendo precepto para algunos británicos, se desmorone o no mientras tanto el mundo exterior. Visto lo visto, es lógico que el resto de europeos desee ahora larga vida al Brexit, y a la tectónica de placas, si esta contribuye a ensanchar el canal de la Mancha.

Por lo que respecta al establecimiento de comunicaciones verbales por medio aéreo, la distancia de seguridad aconsejada por las autoridades sanitarias parece aumentar minuto a minuto. En las últimas horas, han sido avistados individuos equipados con una bocina o un trombón de varas, hablando en código Morse desde el campanario de distintos municipios.

En localidades costeras, hay gente fletando toda clase de embarcaciones y haciéndose a la mar con vistas a poder seguir manteniendo la distancia mínima recomendada con el resto de la raza humana, que en los próximos días se medirá previsiblemente en kilómetros (la distancia, no la raza). Los improvisados navegantes esperan cruzar el estrecho de Gibraltar, que no estará cerrado, por la citada gentileza inglesa, y doblar el cabo de Hornos para poder instalarse cuanto antes en alguna isla del Pacífico, con un par de meridianos de separación mutua. (Aclaración requerida: doblar un cabo geográfico significa circunnavegarlo, no inducir de algún modo una subducción de la placa terrestre bajo la oceánica y surcarlo por encima).

Solo mencionar que en muchas de dichas islas no solo no ha llegado el virus, sino que tampoco lo ha hecho la civilización. Al respecto de cómo se establecerá entonces la comunicación entre islas, «Ya se verá, en algo hay que ser optimistas», dicen los inminentes aventureros. Si eres uno de ellos, no olvides llevar una caña de pescar y anzuelos de recambio, así como provisiones abundantes por si la pesca al final no resulta. Personalmente, sigo en disposición de suministrar limones y naranjas.

Como último dato para hoy, anunciar que se han altamente revalorizado los cursos de apnea. Una buena capacidad pulmonar para aguantar la respiración es de lo mejor que se puede añadir al currículum ahora mismo. Los submarinistas han dejado de ser algo superficial en la sociedad a pasar a ser requeridos para que profundicen en su profesión. Al parecer, estando ahora con el agua al cuello, llevan bien la presión mediática, al igual que la acuática.

Dado que en España sigue garantizada, entre otras muchas cosas, la puntualidad de las declaraciones institucionales del gobierno, dejamos para mañana las reflexiones sobre otra revalorización de sobresaliente importancia: la del estado de alarma frente al estado de derecho.


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